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Reflexiones

"Posiblemente exista otra manera de hacerlo, aunque yo, la verdad, prefiero la mía. No es que no sea consciente de lo que hago, es que aún no le he encontrado peligro al hecho de hacerlo. Deduzco entonces, que nada ni nadie me impedirá apretar el botón."

El mundo explotó de una forma apagada y hasta casi graciosa. Los pequeños fragmentos de material terrestre fundido por las altas temperaturas formaban figuras en el aire que recordaban alguna cara conocida o forma espectacular. Mi hija Ana, la más pequeña, vio formarse un caballito de mar que perseguía con afán, sin parecer cansarse, a una pobre ancianita aterrorizada. ¡Tan pequeña y ya va despertando el instinto de sus padres!.

Mientras esto ocurría, en la otra cara de la verdad, o séase, lo imaginario, miles de personas corrían horrorizadas de rincón a rincón, de zona abierta a zona cerrada, de arriba a abajo, y gritando no sé qué canciones, supongo tradicionales, acerca de las aventuras y desventuras de una joven llamada "Socorro", o algo así. Desde lo alto de la montaña sonaba ya, como para animar el gentío, una música que a mí se me antojó monótona, aburrida y que, si tenía que relacionar con algo, lo haría con mi mudo despertador digital.

Pero mejor olvidar este mundo; pues dicen de no mezclar lo imaginario con lo real. Además, a mí me pareció demasiado fantástico como para tragármelo. Eso me lo hizo pensar el ver a la gente que no parecía disfrutar del espectáculo; ni reía incluso cuando un montón de cuerpos perdían la vida al mismo tiempo que eran desmenuzados y convertidos a un bonito polvo de color grisáceo, o a un divertido amasijo de mocos rojos y trozos de huesos semiquemados...

Prefiero, y siempre lo he dicho (salvo cuando estoy en la cama con mi mujer y me tapa la boca con la almohada), mantener los pies en el suelo y vivir en esta aburrida y rutinaria vida cotidiana y, a la vez, divertida, donde no me lo dan todo por hecho y tengo que lanzarme sobre el techo de los taxis, pues éstos no suelen parar. O hacer una típica barbacoa con alguno de los invitados que esté dispuesto a ello. O ir a prestar mi ayuda, como siempre, en la febril actividad de recolección de zooplancton de la superficie del agua del muelle.

Suerte que hay momentos buenos donde, jugueteando, consigues acercarte a un botón rojo y das un maravilloso espectáculo a toda la familia. Y, además, gratis. ¡Qué padre soy!

CESTOMANO 2007

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